Amados consiervos, líderes y hermanos en el Señor Jesucristo, en estos días Dios me ha instado a recordarles una carta que les envié en mi condición de Superintendente General y que esta fechada el 15 de Marzo del 2002. Mi corazón se entristece al ver como el mundo evangélico esta siendo influenciado por las corrientes liberales, en donde la inmoralidad, la mentira, deshonestidad e incluso el adulterio son prácticas que se justifican o se ignoran. Debemos unirnos en oración y ayuno para que estas prácticas no estén en el cuerpo pastoral ni en nuestras congregaciones.
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